NOTA DE PRENSA, día 27 de mayo de 2004, por Ciudadanos por la Defensa del Patrimonio

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¡ qué vacío !  ¡¡ cuánta tristeza !!

Dos años después del derribo del Depósito de Aguas de Campoamor, se va a inaugurar la Plaza y el Edificio del Museo del Comercio de Salamanca. Una inauguración por todo lo alto, con la presencia del Sr. Presidente de la Junta , Juan Vicente Herrera, y del Consejero de Fomento, Antonio Silván.

El nuevo espacio urbano presenta un aspecto bastante diferente al que estábamos acostumbrados a ver. El entorno del depósito ahora es zona ajardinada. Los antiguos aljibes se han convertido en el Edificio del Museo del Comercio. El depósito desapareció y su lugar lo ocupa un kiosko-bar que trata inútilmente de suplantar la imagen del coloso derribado.

Este coqueto espacio, ahora de un limpio inmaculado (¿cuánto tiempo durará así?), es un derroche de granito, mármol, piezas embellecedoras. Se nota el esfuerzo en dignificar una plaza, algo que no suele ocurrir en el resto de las urbanizaciones de los barrios de Salamanca. ¿Acaso la mala conciencia por el derribo y el deseo de borrar otras imágenes anteriores?

donde estaba el DepósitoLástima que todavía quede allí el solar vacío. Y la horrorosa mediana del edificio de la esquina. Contradicciones de la vida. La edificación del solar, verdadera razón para derribar el Depósito, no sólo no se ha llevado a cabo, sino que promete demorarse largamente en el tiempo.

El futuro Museo del Comercio (futuro en cuanto que sólo se cuenta con el edificio, sin nada dentro) será un Museo de segunda categoría, alejado de las rutas habituales de los turistas, sin grandes piezas que atraigan visitantes, sin atractivos añadidos que llamen la atención de los que nos visitan. Será necesario programar actividades complementarias para conseguir un cierto volumen de visitas. Y recurrir a los escolares y los jubilados para llenar ciertos días y horas.

sin el Depósito de por medio, esta vista se perderá (construcción de pisos)Porque destruyendo el Depósito perdimos la gran oportunidad de hacer algo diferente y atractivo. Un lugar único con muchas posibilidades de llamar a los ciudadanos, de aquí y de fuera. Pero la codicia pudo más que la sensatez y ahora nos toca a todos lamentarnos y sufrir las consecuencias.

Mientras las autoridades inauguran este nuevo espacio, algunos recordaremos la figura del grandioso Depósito presidiendo la vida de todo un barrio.

Ahora, después del hurto alevoso de la imagen del Coloso, queda el vacío, una arquitectura de ausencias, representada por este nuevo espacio público, que en absoluto ha sido capaz de rivalizar con su precedente arquitectónico, al que presuntamente viene a sustituir, cuando carece de la singularidad de aquel.

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